Friday, October 14, 2005

EL DIAGRAMA DE AMUNDSEN (a L. Marechal)

El tostado cadáver, ubicado con cuidadosas manos sobre los hierros ennegrecidos, me hizo percibir, no la vencida carne de un hombre joven, sino la obra cumbre de un asador apasionado. Los difuntos ojos abiertos, resecos por el infierno que ardía debajo desde hacía más de cinco horas, parecían consagrados a contemplar, a través del cristal de las copas cercanas, el alma misma del vino tinto; brebaje milenario que proclamaba, en la risa y el rojo semblante del asador y sus amigos, un júbilo inverosímil acerca de la muerte. Exaltado mi sistema digestivo a causa del aroma de la parrilla y el ayuno forzado por el largo viaje, sentí el ruidoso tambaleo de mis convicciones más firmes (ahora dos tablitas frágiles). Con los pies inmóviles sobre las baldosas uniformes del jardín, bajo el sol del mediodía, suspenso y aterrado, me esforcé por alejar mis pensamientos de la monstruosa escena. Sólo cuando lo hube logrado, conseguí proyectar, apelando a la escasa energía que aún me vestía de pies a cabeza, el complejo diagrama de Amundsen, del cual me valgo para viajar a través del tiempo y el espacio. Recién entonces pude extraviarme para siempre del Planeta de los Cerdos.

1 Comments:

Blogger RosaMaría said...

sos fantástico... manejás sentimientos e intriga de manera fçgenial. besos, perdoná que se me escapa el dedo a veces...

7:41 AM  

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