Thursday, February 15, 2007

ANITA




I

Roberto miró a su hermano a través de las diminutas ranuras de sus ojos, dos finísimas líneas, y le dijo, acelerando las palabras hasta una velocidad lindera con lo incomprensible:
- Número siete de la selección de Corea del Norte.
Como si una fogata hubiera sido encendida en su interior, el sudor manó en gruesas gotas de la frente de Ramírez y rodó por sus mejillas regordetas. Mientras, Roberto contaba en forma regresiva, cumpliendo la habitual tarea de aumentar el nerviosismo de su gemelo.
- Sang Shi An.- Arriesgó Ramírez, superponiendo sus palabras a las de Roberto, quien,
con un cantito, anunciaba que faltaban sólo cuatro segundos para que el tiempo de respuesta expirara.
- Shang es el centrodelantero. El siete es Anphe Chang. Perdiste gil. Dame esos veinte.
Ramírez estiró la mano en la que guardaba el cambio del almacén y le entregó un billete verde y arrugado.
- No te hagas el vivo. Vengan las moneditas del bolsillo también. -Ordenó Roberto con un gruñido, estirando su pequeño brazo de niño. Ramírez revolvió con su mano en el bolsillo del pantalón gris del uniforme escolar y cumplió la orden mascullando una sincera palabrota. Era un buen perdedor.
Volvieron a su casa con las compras que les había encargado su abuela y, cumplida la tarea, salieron a la calle a jugar a la pelota.
- ¡Vas al arco! – Gritó Roberto no bien pisó la vereda con el balón bajo el brazo derecho.
- ¡Te toca a vos! -Lloriqueó Ramírez.- Ayer atajé yo y anteayer también.
- ¿Quién es el técnico de Arabia Saudita? –Preguntó Roberto mientras pateaba la pelota hacia arriba y corría para alcanzarla antes que la gravedad la estrellara contra el suelo.
- Rud Gullit. –Arriesgó su hermano.
- No. Perdiste. Es Amed Al Hassin. A Gullit se le terminó el contrato el mes pasado. Lo lamento.
- Está bien, voy al arco.- Se resignó Ramírez.



II

Roberto había nacido media hora antes que Ramírez, en el mismo hospital y de la misma madre, por lo tanto se consideraba el hermano mayor y actuaba como tal. Compartía con su gemelo el aspecto físico, pero difería, desde muy chico, en cuanto a la personalidad. Roberto era astuto como un zorro y siempre logró obtener más de lo que le correspondía, provocando, en el proceso, que su hermano obtuviera menos.
No es que Ramírez fuera lerdo, simplemente había asumido que viviría por siempre a la sombra de su gemelo y lo consideraba algo natural e incluso, por momentos, agradable. Roberto tenía la misma convicción y ambos estaban seguros que el resto del mundo creía lo mismo.
Es que Roberto jugaba mejor al fútbol, le ganaba peleando a todos menos al Gordo Enrique, y tenía gran suceso con las chiquilinas del barrio y la escuela. Por su parte, Ramírez no lograba dominar la pelota más de cuatro veces seguidas y las únicas personas del sexo femenino que le dirigían la palabra eran su madre y su abuela. Además, había paladeado el amargo sabor de la derrota en cada pelea que participó.
Roberto lo llamaba Ramírez pues era ése el apellido que, al igual que él, su hermano había heredado del padre.


III

- ¡Puto! –Dijo Roberto al niño de los rulos rubios, quien, al verlo venir y confundiéndolo con Ramírez, se frotó la manos, aprontándose para darle una nueva golpiza .
- Ayer me pegaste –prosiguió Roberto, imitando a su hermano-, pero ahora te voy a romper la cara, maricón de mierda.
- ¿Vos y cuántos más? Pedazo de puto –Desafió el niño de los rulos rubios.
- Yo solito. – Dijo Roberto y le escupió a la cara un salivazo potente y pegajoso.
- ¡La concha de tu madre! –Gritó el niño y saltó sobre Roberto, confiado en que lo cagaría a piñazos.
Roberto se agachó, esquivando la embestida y, casi desde el suelo, liberó un maravilloso golpe de derecha que se estrelló contra el mentón de su oponente. De no encontrarse el rostro del niño en la trayectoria del roscazo, la mano mágica de Roberto hubiera llegado hasta el cielo, tal vez pinchado una nube. Pero el preciso gancho se estrelló de lleno contra la pera y comprimió de tal modo la lengua del niño entre los dientes superiores e inferiores, que la sangre comenzó a salir como si alguien hubiera abierto una canilla adentro de la boca.
Recién entonces apareció Ramírez, quien hasta ese momento se encontraba escondido por un muro, vibrando con la escena. Roberto, por su parte, desapareció, raudo y veloz, detrás de la misma pared donde se había parapetado su gemelo.
- ¡Como llora la nenita! –Gritó Ramírez sacando pecho.- Cómo llora la puta rubia.- Se agachó, tomó un cascote del piso y se lo tiró al niño de los rulos rubios que se iba, abrazado por varios amigos, llorando para la casa, con el rostro y la remera bañados en sangre. El cascote pasó lejos de su objetivo, pero a Ramírez no le importó.
Cuando el grupo perdedor se hubo alejado lo suficiente, Roberto salió de atrás del muro y caminó hacia donde estaba su hermano. Sin decir nada, Ramírez se sacó la camiseta oficial de Peñarol, nueva, recién estrenada, y se la entregó a su gemelo, quien, a su vez, le dio la de él, vieja y descolorida.
- ¿Qué uruguayo le aguantó doce rounds a Mohamed Alí? –Preguntó Roberto.
- Dogomar Martínez –Respondió Ramírez, convencido que esta vez sabía la respuesta.
- No. Evangelista. Alfredo Evangelista. –Dijo y lanzó al aire un nuevo y perfecto gancho, esta vez con la mano izquierda.- Dogomar peleó con Archie Moore. Vengan las medias del Manya, gilastro.


IV

Los restos del asado reposaban en los platos de madera, alrededor de la fogata donde apenas unas pocas brasas generaban un tenue resplandor anaranjado. Había vasos con restos de vino y recipientes sucios de carne y grasa mezclada con arena. Era necesario limpiar todo antes de ir a dormir, de lo contrario se llenaría de perros y a la mañana siguiente el desastre sería total.
Roberto, acostado dentro de la carpa, sobre el colchón inflable de Ramírez, los brazos atrás de su cabeza y las manos a modo de almohada, preguntó:
- ¿Quién es el director de la serie porno Cumback Pussy?
- Rocco Siffredi.- Arriesgó Ramírez.
- No. Tom Byron. A lavar los platos, botija.
- La puta que te parió. –Dijo Ramírez provocando una sincera sonrisa de su hermano.

Mientras llenaba un balde con el agua de una débil canilla del campamento, Ramírez vio como el auto que sus padres les habían prestado lucía mugriento y gritó:
- Mañana, antes de volver, habrá que lavar el auto porque sino nos van a matar en casa. -Y, de inmediato preguntó:
- ¿Quién ganó el premio al mejor cuento uruguayo del año?
Roberto sonrió con desdén y respondió, antes que su hermano hubiera siquiera alcanzado el número nueve en la cuenta regresiva:
- Francisco Carlos Tarino.
- La reconcha negra de tu madre. ¿Desde cuándo sabés de literatura? –Puteó Ramírez y, resignado a lavar el auto, siguió fregando los platos mientras escuchaba que su hermano le decía:
- Yo sé todo, gil.




V

- Pero… es mi hermano. –Dijo Ramírez a Sosa, su amigo y abogado.
- Será tu hermano, pero vos no podés seguir viviendo como si fuera tu amo. –Explicó Sosa comprensivo.- Desde chico te tiene de hijo.
- Pero él es así, no lo hace con maldad. Vos los conocés bien.
- Es un hijo de puta. Toda la vida te tuvo de esclavo. Acordate cuando te decía que era José Angel Tuana.
- El Favorito. –Recordó Ramírez con una mezcla de diversión y melancolía en la voz.
- El favorito de la casa. ¡Qué hijo de puta! No te das cuenta que te lo hacía para humillarte.
- No jodas Sosa, dejate de romper las bolas. Es mi hermano, no lo puedo cagar.
- No lo estarías cagando. Simplemente desquitándote por todas las que te hizo, por toda la guita y todas las cosas que te sopló durante toda tu vida.
- Sí… yo que sé.
- Pensá en Anita.
- ¡Hija de puta!
- Ella no, el hijo de puta es Roberto. Ella te quería a vos.
- Si me quería a mí ¿porque se cogió a mi hermano? Puta de mierda.
- Se mareó. Nadie mejor que vos sabe cómo es Roberto. Te convence de cualquier cosa. Capaz que hasta la hizo creer que eras vos.
- Si, capaz que vestido sí. Pero cuando lo vio desnudo tiene que haber sabido que no era yo. ¿Vos viste lo que calza Roberto?
- Parece un deforme.
- ¿Entonces, qué? ¿Querés hacerme creer que no se dio cuenta que era él y no yo?
- No, pero…
- Querés hacerme creer que la puta de mierda esta pensó que me había crecido la pija de un día para el otro, como por arte de magia. Dejate de joder. Vio a mi hermano en bolas y se enamoró. Seguro que dijo: “es igual al mío pero con la poronga enorme. Mejor me quedo con éste.”
- Está bien, convengamos que Anita era una puta bárbara. Pero eso no justifica a tu hermano. Con la cantidad de minas que hay por ahí, ¿tenía que ir a voltearse a la tuya?
- Reconozco que estuvo mal. Pero qué voy a hacer, ¿lo voy a matar?
- No a matar, pero sí hacéselo pagar. Que se de cuenta que no sos ningún gil como él creyó toda la vida.
- Roberto confía en mí, por eso las cosas están a mi nombre. No lo puedo cagar.
- No confía en vos. Confía en el poder que tiene sobre tu persona y por eso está convencido que nunca le vas a tocar nada. Así que no seas nabo, firmá acá y andate a la mierda con toda la guita.
- Pero Sosa…
- Vos sos gil de alma. ¿No te das cuenta que lo más probable es que te vaya a cagar también con todo lo que te dejó tu viejo? Pelotudo, despertate.
- Pero…
- Pensá en Anita.
- Pasame la birome.



VI

Roberto subió lentamente las escaleras que lo llevaban a la azotea con la vista fija en el suelo. Abrió la pesada puerta de hierro, cuyas bisagras chillaron por la falta de aceite, y caminó bajo la lluvia sin que las gruesas gotas parecieran molestarlo.
Llegó hasta el borde de la azotea, miró el pavimento distante, luego echó un corto vistazo al cielo encapotado y se dejó caer. La muerte lo encontró antes de que su cuerpo se destrozara contra las baldosas cuadriculadas de la vereda.

Ramírez subió corriendo las escaleras que lo llevaban a la azotea. Atravesó la puerta y, al ver la azotea desierta, supo que era demasiado tarde.

Cuando la policía técnica llegó al lugar, varios de los efectivos se conmovieron ante la escena: los dos cuerpos, yaciendo en caprichosas posiciones, uno al lado del otro, se encontraban tan desfigurados que ni la propia madre hubiera podido reconocerlos.

2 Comments:

Blogger RosaMaría said...

Un relato interesante y bien llevado. FELICES FIESTAS

3:16 PM  
Blogger RosaMaría said...

Estoy releyéndote. Vuelvo a decirte que es un relato buenísimo. Quiero más. ¿Estás bien? Espero que sí. Un saludo.

4:28 AM  

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